Tecnología para todos: ¿nos sentimos realmente conectados?


Javier Minsky

Hoy nos enfrentamos a una pandemia, pero lo cierto es que la tecnología es una herramienta que ya cobraba importancia previa al COVID-19. ¿Es para todos? ¿Nos sentimos más conectados o siempre alguien queda fuera del circuito?

Por Javier Minsky, CEO de Virtualmind 

Argentina es un país de vanguardia, y nuestra sociedad está siempre buscando estar actualizada. Pero lo cierto es que dependiendo del rango etario, y en una sociedad donde las desigualdades sociales se ven muy marcadas, hay varios factores que generan que la inclusión en la tecnología, no sea tan pareja para todos.

Si bien es claro que las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) atraviesan todos los ámbitos de acción cotidianos, y que existen diferencias importantísimas en el uso de acuerdo a factores determinantes tales como el género, la edad del usuario o el lugar donde cada persona vive, es fundamental preguntarnos sobre el rol que juegan estos recursos en el desarrollo de la sociedad actual. Las TIC son una parte importante en lo que respecta al relacionamiento y desarrollo de nuestras vidas, dado que permiten y propician un mejor desarrollo económico y social, pero…. ¿Es para todos?

Para tener una referencia acerca del uso de Internet, aspecto fundamental en esta dinámica, de acuerdo a un estudio sobre el Acceso y uso de tecnologías de la información y la comunicación de INDEC, el uso de internet se extiende en la población urbana de los distintos aglomerados. En promedio, 78 de cada 100 personas utilizaron internet en los últimos 3 meses. 

Siguiendo los datos presentados por el organismo mencionado previamente, “se registra el mayor uso de internet en los grupos comprendidos entre los 13 y los 29 años, 90 de cada 100 personas de esas edades lo utilizan (entre el 89,7% y 90,2% de la población). El teléfono móvil resulta ser la tecnología de uso más extendido para la población joven y adulta. Utilizan celular entre el 94,2% y el 96% de las personas de 18 a 64 años y el 64,6% de la población de 65 años y más. En la mayoría de los grupos de edad se utiliza más el teléfono móvil que la computadora e internet. Los adolescentes comprendidos en el grupo de edad de 13 a 17 años son los que más usan computadora. Entre los 18 y los 29 años, las personas hacen mayor uso del teléfono celular que los demás grupos etarios; también se advierte su empleo extendido entre los 30 y los 64 años”.

Con este dato, podemos afirmar que por un lado la inclusión a la tecnología varía y depende de acuerdo al rango etario. Algunos adultos mayores se encuentran ante una herramienta que no logran comprender, y necesitan indefectiblemente la ayuda u orientación de un adulto joven para poder navegar y disfrutar de la conectividad. Un claro ejemplo son las clínicas que tienen como requisito obligatorio sacar un turno online para hacerse un análisis, darse una vacuna, o ser atendido por un profesional. Es muy importante pensar en ellos a la hora de implementar ciertos cambios, caso contrario la tecnología se convierte en un gran enemigo, que los atemoriza, y no logran insertarse y sentirse incluidos frente a esta herramienta. 

Por otra parte, no debemos olvidar que la inclusión también se ve condicionada por el nivel socioeconómico y las posibilidades de acceso a la tecnología. Este factor marca la diferencia entre quienes están incluidos y quienes quedan apartados de este sistema, dando lugar a una estratificación digital, es decir que el acceso a Internet y a las tecnologías está fuertemente segmentado y existen usos diferenciados con base en el capital cultural. La desigual distribución de condiciones sociales implica niveles de acceso diferenciado de las bondades de la tecnología, situación que da lugar a una grave fractura social entre las personas que ya se comunican mediante redes digitales, de quienes aún no han alcanzado este estado.

Los datos presentados nos dan la pauta de que es responsabilidad - tanto del sector público como del privado – favorecer y colaborar con la integración, ya que no basta con poner a disposición la herramienta o los dispositivos para utilizar la tecnología, sino que por detrás es indispensable un trabajo de educación, enseñanza, capacitación y aprendizaje para que la inclusión sea efectiva. El acompañamiento en todos los casos es vital para que la tecnología nos abarque a todos como comunidad, y sea un mecanismo de unión y cercanía, y no un instrumento que aisle.

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