Claves para pensar una política pública de enseñanza de la programación

Por Franco Bulgarelli, co-fundador de Mumuki y Laura Mangifesta, Directora de Comunicaciones de Mumuki  
Argentina se convirtió en el primer país de Latinoamérica en incluir la programación, la robótica y la educación digital en la educación obligatoria. Ahora que el debate sobre la necesidad de enseñar programación en las escuelas parece estar saldado, surge la pregunta sobre el cómo se hará. ¿De qué manera va a implementar cada provincia lo establecido por la Resolución 343/18? Cuatro puntos claves para tener en cuenta.
¿Transversalidad o materia?
El enfoque más directo y “clásico” consiste en convertir a la programación en una materia curricular más, a lo largo de los distintos años de la escuela primaria y secundaria, equiparada a matemática, ciencias sociales, lengua o historia. Así lo proponen desde la Asociación de Docentes de Informática y Computación de la República Argentina (ADICRA), quienes impulsan la implementación de #LaInformáticaComoMateria. Implica hacer diseños curriculares, algo que requiere gran inversión de tiempo y recursos, además de la formación de docentes especializados, y no responde la pregunta: ¿si vamos a dedicar tiempo en el aula a nuevos contenidos, a qué otro espacio curricular se lo quitaremos? 
El segundo enfoque es el de la transversalidad, es decir, la aplicación de la programación como herramienta a través de diversas materias. Un ejemplo de enfoque transversal es la implementación de la ley 26.150 que dispone la enseñanza de la Educación Sexual Integral (ESI). En este caso hay menos presión sobre el sistema educativo y evita la reestructuración de cargos docentes, pero también dificulta la implementación al no haber responsables y destinatarios claros de los materiales. Ambos enfoques presentan grandes desafíos.
¿Empleabilidad o alfabetización?
Hay diferentes motivos para enseñar sobre (y con) computadoras. Podemos resaltar dos de los más mencionados. Por un lado, la empleabilidad. Es un hecho que hay una gran demanda no cubierta y se ofrecen sueldos muy competitivos lo que convierte a estos conocimientos en una potencial fuente de movilidad social. Tenemos cada vez más puestos de trabajo para personas que saben programar pero más de la mitad de los y las estudiantes de secundaria ni siquiera saben lo que es un programa de software. La educación en programación es una gran oportunidad para fomentar las vocaciones tecnológicas y motivar a los estudiantes a seguir carreras afines.
Por otro lado, existe un enfoque distinto que consiste en pensar a la computación como una nueva alfabetización, un proceso de inclusión, empoderamiento y emancipación. En esta línea se plantea que al aprender programación adquirimos habilidades y conceptos necesarios para desarrollarnos y desenvolvernos en un mundo en el que casi todas las prácticas sociales están mediadas por sistemas digitales. Consideramos que ambos enfoques no deberían ser excluyentes sino complementarios, teniendo en cuenta las necesidades educativas de cada edad.
Infraestructura
A la hora de enseñar programación, asegurar la conexión eléctrica, disponibilidad de dispositivos y conectividad a internet se vuelven de deseables a necesarios a medida que profundizamos en los conocimientos. Sin embargo, la infraestructura es necesaria pero no suficiente por sí sola.
Sabemos, por ejemplo, que el 30% de los argentinos no tiene acceso a internet, pero, de las personas que sí tienen acceso, el 40% no sabe cómo usar la red. El acceso a internet no genera conocimiento per se. Es por eso que no se trata solamente de un problema de infraestructura o equipamiento.
Estamos en un mundo que tiende cada día más a la automatización mientras que la red internet supone la mayor redistribución de conocimiento jamás vista por la humanidad y pone al alcance de las comunidades y las personas una herramienta potente de comunicación. Pero el real aprovechamiento de esas potencialidades no viene dado por el mero hecho de ’acceder a la computadora’, sino más bien por la capacidad de las personas de hacer un uso significativo de esta nueva forma cultural (Beatriz Busaniche)”.
Formación docente
El rol docente es irremplazable, no como dueño del conocimiento, sino como principal apoyo, nexo con la sociedad y guía en el proceso de aprendizaje. Una política pública integral debe incluir necesariamente formaciones y actualizaciones docentes. No podemos delegar la responsabilidad en los docentes sin acompañarlos y darles las herramientas necesarias para asumir este rol. Mucho menos podemos prescindir de ellos en la educación digital de nuestros hijos. Apelar al aprendizaje autodidacta sólo deriva en conocimientos incompletos y rudimentarios, y excluye a todos aquellos que no tienen la posibilidad de aprender de manera solitaria.
La escuela es el mejor espacio para construir en comunidad un aprendizaje activo: educar en programación es también enseñar sobre derechos, posibilidades y responsabilidades en la era digital, es discutir los estereotipos y repensar las representaciones sociales ligadas a la tecnología.
Acompañar a los docentes implica no sólo darles herramientas conceptuales sino también poner a su disposición materiales y herramientas diversas, preferentemente nacionales, como por ejemplo: 
Manuales docentes, como los desarrollados por la Fundación Sadosky; Plataformas con contenido interactivo secuenciado didácticamente, como la Plataforma Mumuki; Plataformas de contenidos libres que puedan servir de apoyo en clases presenciales, como Pilas Bloques.
El impacto de este tipo de políticas públicas sólo podrá verse en profundidad a largo plazo. Por eso, al medir su efectividad debemos no sólo observar la creación de nuevos puestos de programadores, sino también el ingreso a carreras relacionadas, el mayor y mejor uso de las herramientas de información dentro y fuera de la escuela, una mejor comprensión de la realidad tecnológica y el ejercicio más activo y responsable de la ciudadanía digital. 

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