2017 marcará la primera década del fin de la llamada telefónica. En 2007, Apple presentó el iPhone y por primera vez, la cantidad de mensajes de texto promedio en un mes, 218, superó la cantidad de llamadas telefónicas del mismo usuario estándar, 213, según la encuestadora Nielsen.
La llamada telefónica tradicional se trata de algo del pasado, argumentó Timothy Noah en un ensayo que publicó Slate. "La conversación telefónica vive más o menos del mismo modo que viven el baile del swing, la declinación del latín o la transmisión manual. Todavía se consigue, pero hay que buscar mucho más, porque ya no es un modo de vida". La incapacidad del teléfono para enviar textos, sumada a un costo que se volvió innecesario, porque existían los celulares, hizo que pronto se volviera obsoleto. "Hoy estamos a segundos de que la mayoría de los hogares no tenga líneas fijas, y los mensajes de texto son cinco veces más frecuentes que las llamadas a los teléfonos móviles", observó Noah.  Mucha gente advierte en el saludo del correo de voz: "No escucho los mensajes. Por favor envíeme un texto". Otros, directamente, ni siquiera configuran ya la casilla.
Gracias a internet y a su expansión en dispositivos portátiles, su velocidad y su cobertura cada vez mayores, la comunicación multimedia reemplazó a la voz humana. Los mensajes escritos no son ya una alternativa, sino la herramienta principal de intercambio de información desde el teléfono.  En The Great Divergence: America's Growing Inequality Crisis and What We Can Do About It (La gran división: la creciente crisis de desigualdad de los Estados Unidos y lo que podemos hacer al respecto) se lee: "Luego del Gran Salto del Texto de 2007, una llamada telefónica se convirtió en un pedido de intimidad. Hoy si quiero llamar a alguien para charlar, primero tengo que considerar si la llamada será considerada intrusiva". Decidir llamar o no a una persona se ha vuelto una cuestión de distancia social. Si ni siquiera aparece un nombre en la pantalla, porque el teléfono no está en la lista de contactos del destinatario de la llamada, es posible que nunca lo atiendan.
"La llamada telefónica siempre fue una forma invasiva de comunicación, así que quizá no debería sorprendernos que, apenas se nos presentó un sustituto confiable, lo hayamos tomado", opinó. "Un teléfono que sonaba fuerte exigía la atención inmediata de su dueño, porque nunca se sabía quién podía ser". Los adolescentes no realizan llamadas telefónicas, porque Instagram, Snapchat, Tumblr, WhatsApp, Facebook han ocupado su lugar. Muchos de ellos no saben cómo utilizar un teléfono que hay que "discar" y la mayoría jamás ha escuchado lo que es el tono de ocupado de una línea, los sorprende!. Algún día no muy lejano los padres les contarán a los hijos que en una época, cuando una persona necesitaba comunicarse con otra que estaba en otro lugar, marcaba —y antes, discaba— un número en un aparato unido a la pared por un cable, y que poco después se escuchaba la voz de la persona buscada y comenzaba una conversación.
Hasta mediados de los '80 no había contestadores; su irrupción marcó el primer momento en que la gente dejó de responder al imperativo del timbre del teléfono. Así se comenzaron a filtrar las llamadas, para atender sólo las que se deseaba; con los contestadores remotos, el teléfono estaba siempre disponible aunque cada vez se lo atendía menos.


El identificador de llamadas dio el golpe de gracia al invento de Bell: toda urgencia desapareció. Hoy ya no estamos separados de nuestro celulares, y filtrar las llamadas se convirtió en una simple cuestión de supervivenciaPero escribir un texto no tiene la espontaneidad de hablar, y genera malentendidos, por la urgencia y por los correctores automáticos, además del temor constante a ser mal interpretado. Desde hace una década, la llamada telefónica parece haberse convertido en la nueva carta manuscrita.