06 enero 2017

La nueva revolución industrial high-tech

La característica central de la nueva revolución industrial es que torna irrelevantes los costos laborales en la estructura de producción y en el horizonte, robotización mediante, tiende a eliminarlos.
El sector high-tech es la punta de lanza del capitalismo avanzado y la vanguardia tecnológica de la nueva revolución industrial (proceso de digitalización de la manufactura y los servicios). Su núcleo decisivo lo constituyen cuatro gigantescas plataformas globales de hipercomputación, con eje en cuatro grandes compañías estadounidenses: Amazon, Apple, Google y Facebook. Tienen 5.000 millones de usuarios y cubren 70% de la población mundial.
Ahora, Donald Trump se apresta a realizar el mayor recorte de impuestos desde la década del ’80, con una disminución de 20 puntos en las ganancias corporativas (de 35% a 15%), que implica una caída de 30% en los costos de producción.
Hay que sumarle la desregulación generalizada a ejecutar en los primeros 100 días de gobierno, que eliminaría costos empresarios por US$2 billones, y que beneficiaría ante todo a las pymes industriales estadounidenses.
A pesar de la caída de la productividad (0,5% anual en los últimos 5 años), los costos de producción estadounidenses experimentaron una mejora en la década pasada, debido a la reducción del precio de la energía (50% en los últimos 6 años), provocada por la explosión del shale-gas, que alcanzó 4,5 millones de barriles por día en 2015.
Las compañías high-tech son las transnacionales estadounidenses que tienen más ganancias retenidas en el exterior (US$ 1,2 billones sobre US$2,5 billones en total). Apple dispone de US$216.000 millones; Microsoft, US$ 111.000 millones, Cisco, U$S 60.600 millones.
Las empresas high-tech podrían repatriar más de US$700.000 millones en 2017, con el pago de un impuesto de 10% una sola vez.
La regla de estas compañías es ampliar constantemente el stock de capital, porque este es su principal instrumento de competitividad, sin recomprar acciones ni distribuir dividendos.
La nueva revolución industrial es un fenómeno global, a diferencia de la primera y la segunda, y tiene a China como el otro gran protagonista. Por eso, el retorno de las firmas manufactureras a EE.UU. que ocurre en los últimos 10 años (48% de ellas retornaría en 2020) es parte de un proceso de redespliegue del capitalismo global, con epicentro en la República Popular.
Es un movimiento de 3 pinzas. En primer lugar, una parte creciente de la capacidad productiva ha dejado de exportar, y se orienta a satisfacer el gigantesco mercado interno, cada vez más vibrante por su aptitud para el consumo y que abarca a unos 300 millones de chinos de la clase media, con niveles de ingreso per cápita semejantes a los norteamericanos. Luego, la manufactura trabajo-intensiva tiende a salir de China, con rumbo a países de menor costo laboral (Vietnam o Bangladesh). Por último, los clusters de excelencia high-tech centrados en la Cuenca del Río Yantze – con eje en Shanghai –, profundizan y se integran cada vez más con la nueva revolución industrial de EE.UU. y Alemania.
La diferencia en los costos de producción entre la Cuenca del Río Yantze y el Sur de EE.UU. (Alabama, North Carolina, Georgia) es ahora menos de 5%. Se ha producido una convergencia absoluta entre las dos regiones de punta del capitalismo avanzado. La productividad en Shanghai y alrededores ha aumentado 10% anual en los últimos 10 años, a un ritmo superior 5/6 veces al norteamericano.
El capitalismo del siglo XXI compite sobre la base de su estructura de costos; y el recorte de impuestos que se aproxima en EE.UU., al cruzarse con la nueva revolución industrial, inaugura una fase histórica hasta ahora nunca alcanzada de esta forma de competencia.
Los próximos 6 meses en EE.UU. serán memorables en la historia de la economía mundial.