20 enero 2015

Talentismo o el ser humano como eje de la empresa

Por Alejandro Melamed
La administración del talento no es un fin u objetivo en sí mismo ni es simplemente una actividad puntual o esporádica en una organización. Menos, por lo tanto, se trata de una moda pasajera, como en muchos casos se la suele encarar en algunas empresas. Se trata de un proceso continuo, con una misión, estrategia, planes y prioridades claramente establecidos. La misma requiere excelencia en su concepción y una ética intachable en su aplicación cotidiana.
El auténtico éxito en el mundo de hoy es la amalgama perfecta de excelencia y valores, que debe sostenerse apasionadamente en el tiempo a partir de una gimnasia diaria.
El dinero se puede obtener rápidamente. El talento ideal, como muchas otras cosas en la vida, requiere de tiempo, paciencia, persistencia y perseverancia. Los resultados, a diferencia de otras áreas, son sustentables en el tiempo. Por eso suele destacarse que en la gente nunca se gasta, sino que siempre se invierte.
En síntesis, la auténtica ventaja competitiva y comparativa de una empresa, una sociedad, un país o una región está dada, principalmente, por la calidad de su gente y el contexto propicio para liberar su potencial. Vale recordar entonces que la mejor estrategia, sin el talento adecuado que la ejecute, no es más que una expresión de deseos. Bienvenida la era del talentismo, en la que todos tenemos mucho para aportar y más aún por ganar.

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