23 octubre 2013

Accountability: alinear el trabajo con los resultados


Se trata de un concepto que ha llegado a la Argentina para incorporarse definitivamente al lenguaje de las competencias en el mundo de las empresas.

La metodología nace de las ideas vertidas por Roger Connors y Tom Smith en sus libros “The Oz principle”, “How did that happen” y “Change the culture, change the game”.

Toda organización, al finalizar el año laboral, fija sus objetivos (nivel de ventas, calidad, market share, etc.) para la siguiente temporada y los resultados a los que espera llegar a partir de ellos. Entre aquello que se espera y lo que finalmente se obtiene siempre hay un gap. Es aquí donde Accountability adquiere valor, para cubrir esa diferencia determinada por el compromiso y el alineamiento de las personas para con su empresa.



“Ser accountable” radica en una actitud personal, tanto del empleador como del empleado, para superar cualquier obstáculo que se presente con el fin de alcanzar aquellos resultados que son clave para cada organización.

El concepto, en un primer momento, debe ser internalizado por los gerentes generales, para luego retransmitir la experiencia a sus equipos. De esta forma, la dirección de la empresa reduce el abanico de posibilidades, reorienta su dirección y enfoca todas sus armas hacia la satisfacción específica de los resultados top.
Accountability consta de cuatro pasos fundamentales que toda empresa debe llevar a cabo para lograr la eficiencia deseada. En primer lugar, se propone ver a través de los oídos, escuchar lo que piensan otros sobre la tarea que uno está llevando a cabo y promover un feedback permanente. Posteriormente, la clave radica en la internalización y el adueñamiento de lo que uno genera diariamente y en el convencimiento de que la evolución y el crecimiento siempre es posible.
Asimismo, el adueñamiento implica la resolución en el corto plazo y así comenzar a pensar en otros mecanismos para modificar las formas de llegar a aquellos resultados que antes parecían inalcanzables. Y, por último, llega el momento de llevar a la acción la metodología planificada, y convertir en hechos lo que en una primera etapa se internalizó para tomar conciencia de que se debía cambiar el modo de pensar y hacer las cosas.